El origen del realismo mágico

En Historia de un deicidio, Mario Vargas Llosa recoge unas declaraciones de Gabriel García Marquez sobre el origen del realismo mágico.

Por: flickr.com/photos/34022876@N06/3469074701/

«Hay otro episodio que recuerdo y que da muy bien el clima que se vivía en esta casa. Yo tenía una tía… Era una mujer muy activa; estaba todo el día haciendo cosas en esa casa y una vez se sentó a tejer una mortaja; entonces yo le pregunté: “¿Por qué estás haciendo una mortaja?” “Hijo, porque me voy a morir, respondió. Tejió su mortaja y cuando la terminó se acostó y se murió. Y la amortajaron con su mortaja. Era una mujer muy rara. Es la protagonista de otra historia extraña: una vez estaba bordando en el corredor cuando llegó una muchacha con un huevo de gallina muy peculiar, un huevo de gallina que tenía una protuberancia. No sé por qué esta casa era una especie de consultorio de todos los misterios del pueblo. Cada vez que había algo que nadie entendía, iban a la casa y preguntaban y, generalmente, esta señora, esta tía, tenía siempre la respuesta. A mí lo que me encantaba era la naturalidad con que resolvía estas cosas. Volviendo a la muchacha del huevo le dijo: “Mire usted, ¿por qué este huevo tiene una protuberancia?” Entonces ella la miró y dijo: “Ah, porque es un huevo de basilisco. Prendan una hoguera en el patio”. Prendieron la hoguera y quemaron el huevo con gran naturalidad. Esa naturalidad creo que me dio a mí la clave de “Cien años de soledad”, donde se cuentan las cosas más espantosas, las cosas más extraordinarias con la misma cara de palo con que esta tía dijo que quemaran en el patio un huevo de basilisco, que jamás supe lo que era»

¿Fue real esa anécdota de García Márquez? Es difícil saberlo, García Márquez tenía la costumbre de exagerar con frecuencia. De una u otra forma, en esa anécdota, sea real o reinventada, está el origen del realismo mágico: el tono.

La esencia del realismo mágico es el tono de contar lo fantástico como si fuera ordinario. Hablar de un huevo de un basilisco como si fuera un huevo de gallina. Fíjate en la frase en que la tía de García Márquez dice: “Ah, porque es un huevo de basilisco. Prendan una hoguera en el patio“.  Ese “ah” es la interjección con la que una persona quita importancia a algo que le comentan. Y la seguridad del imperativo de la frase siguiente, implica una ausencia de duda incompatible con el miedo o con la sorpresa.

Ese tono especial  es el que  buscó García Márquez durante toda su carrera. Cuando lo encontró, escribió Cien Años de Soledad.

 

 

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